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domingo, 27 de mayo de 2007
León Tolstoi
GUERRA Y PAZ

PRIMERA PARTE
I

Bien. Desde ahora, Génova y Lucca no son más que haciendas, dominios de la familia Bonaparte. No. Le garantizo a
usted que si no me dice que estamos en guerra, si quiere at enuar aún todas las infamias, todas las atrocidades de este
Anticristo (de buena fe, creo que lo es), no querré saber nada de usted, no le consideraré amigo mío ni será nunca más el
esclavo fiel que usted dice. Bien, buenos [...]
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señalaba algo al General, y éste observaba con los
anteojos.
- Sí, sí, tiene usted razón, tiene usted razón - dijo con cólera, dejando de mirar por los anteojos y encogiéndose de
hombros -. En efecto, atacarán cuando atravesemos. ¿Qué es aquello que arrastran por allí?
Desde el otro lado, a simple vista, veíase al enemigo en sus baterías, de las cuales ascendía una humareda blanca y
lechosa. Tras la humareda oíase una detonación lejana y veíanse a las tropas apresu [...]
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Gritaban demasiadas voces a la vez. No distinguía otra cosa que: «¡Raaa! ¡Rrrr!» - ¿Qué es eso? ¿Qué te parece que es? -
preguntó al húsar que estaba a su lado -. ¿Son los franceses?
El húsar no respondía.
- ¿No me has oído? - preguntó de nuevo Rostov, cansado de esperar la respuesta.
- ¡Quién sabe, señor! - respondió de mala gana el húsar.
- Por la posición, tienen que ser los franceses - repitió Rostov.
- Puede que sí, puede que no - dijo el húsar -. ¡Pasan [...]
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entraba en la sala, con la cara trastornada y
seria.
Cuando se dio cuenta de la presencia de Natacha, se le iluminó el rostro. Besó la mano a la Condesa y a Natacha y se
sentó en el canapé.
-Hacía tiempo que no habíamos tenido el gusto... - empezó la Condesa, pero el príncipe Andrés la interrumpió,
contestando a la pregunta, deseoso de explicarse.
- No he venido porque he estado todos estos días en casa de mi padre. Tenía que hablarle de una cuestión muy impo [...]
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estrella clara que con una rapidez vertiginosa
recorría, en una línea parabólica, un es pacio incalculable y, como una flecha, agujereaba la atmósfera en aquel lugar que


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había escogido en el cielo sombrío, se detenía desmelenándose la cabellera y lan zando rayos de luz blanca entre aquellos
astros radiantes. Para él, aquella estrella parecía corresponder a lo que había en su alma animosa y enternecida, abierta a una
vida nueva. [...]
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- ¡Diablo!
En aquel instante, un hombre chocaba con algo.
El príncipe Andrés miró al interior del cobertizo y vio que se acercaba Pedro, quien se había enganchado con un tronco de
leña. En general, al príncipe Andrés le era muy desagradable ver gente de su mundo y especialmente a Pedro, que le
recordaba todos los momentos penosos por que había atravesado durante su última estancia en Moscú.
- ¡Ah, eres tú! ¿Qué viento te trae? Te aseguro que no te aguardaba - dijo. [...]
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- Toma, toma a la niña - dijo Pedro a la mujer con acento imperioso entregándole la criatura -. Tú la devolverás. Tómala -
exclamó inclinándose para dejarla sentada en el suelo. La niña lloraba. El miró al francés y a la familia armenia. El viejo
estaba ya descalzo. El francés bajito acababa de quitarle la segunda bota y le limpiaba el polvo. El viejecito gimoteó
diciendo algo.
Mas Pedro no veía ni oía nada de lo que ocurría a su alrededor. Toda su atención se concentr [...]
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